jueves, 17 de abril de 2008

Llamen a Greenpeace

El vóley masculino marplatense está en peligro de extinción. Los practicantes del deporte que movió multitudes en los '80 ahora corren el riesgo de desaparecer. La falta de gimnasios y competencia hace que éstos seres pasen a otros deportes, se dediquen a sus estudios, trabajos o a ninguna de las tres cosas.

La situación es lamentable y es culpa de todos. En la ciudad que se dice capital del básquet, el vóley ni siquiera le pisa los talones, está más cerca del handball o el ajedrez. Jugadores hay, pero con escasa actividad o amateurismo, lo que falta es compromiso de los clubes tradicionales de Mar del Plata: los únicos que jugaran son Mar Chiquita Vóley y Cedetalvo. El sueño de volver a ver un Quilmes - Peñarol es lejano y un Aldosivi - Alvarado imposible.

A este punto se llega en medio de un gran comienzo de siglo de Mar Chiquita: experiencia en A1, campeoón de la Liga Bonaerense, exitoso con los juveniles del club, con dos jugadores en selecciones nacionales, uno con dos campeonatos en el máximo nivel, otro en las mejores ligas de España y uno recién ascendido. Todo lo logrado por este equipo no es aprovechado para la expansion, para seguir el ejemplo, para ver que se puede.


La única buena noticia que se podría destacar de esta terrible situación es que tal vez se logre uno de esos sueños de todos los deportes: tener un equipo fuerte en la zona, uno sólo y no dos que no lleguen al máximo potencial que brinda una de las ciudades más importantes del país.


Si conocen algún espécimen que pase la pelota con un golpe al estilo tenis, pero sin raqueta, avisenle que hay un deporte que se llama vóley. Que es fácil y divertido para comenzar, que va a conseguir muchos amigos y que tendrá una filosofía de vida sin violencia.


Alejandro Tisera (atisera@mdqvoley.com.ar)